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La premisa principal de este proyecto fue replantear una cocina existente para responder a nuevas necesidades de almacenamiento y funcionamiento, aprovechando al máximo la base construida y evitando intervenciones innecesarias.
Uno de los principales retos consistía en integrar dos refrigeradores dentro de una composición ordenada y coherente, además de incrementar considerablemente la capacidad de guardado sin saturar visualmente el espacio. Para lograrlo, no solo se diseñó mobiliario a medida, sino que también se realizaron algunas modificaciones puntuales en la arquitectura existente: se redimensionó el vano de la ventana para mejorar el aprovechamiento del área de trabajo y se incorporó un muro falso que permitió delimitar mejor la cocina y generar nuevas superficies de almacenamiento.
A partir de estas intervenciones, la nueva carpintería permitió organizar electrodomésticos, alacenas y superficies de trabajo dentro de un lenguaje uniforme. La selección de materiales, tonos neutros y acabados cálidos ayudó a equilibrar la presencia de los equipos y a generar una cocina más luminosa, contemporánea y visualmente amplia.
El resultado es un espacio funcional, organizado y sofisticado, donde arquitectura y mobiliario trabajan de manera conjunta para aprovechar cada centímetro disponible y transformar una cocina existente en un ambiente mucho más eficiente, limpio y armónico.