El proyecto surge a partir de una necesidad muy concreta: resolver los problemas de almacenamiento de agua de la vivienda sin sacrificar espacio útil. La propuesta consistió en incorporar una cisterna de mayor capacidad y, al mismo tiempo, transformar una antigua bodega en una terraza capaz de ampliar la experiencia interior de la casa hacia el exterior.
Más que un espacio residual, la nueva terraza fue concebida como un lugar para detenerse: leer, tomar un café o simplemente disfrutar de un momento de calma. La vegetación se integra como parte esencial de la atmósfera, generando un espacio abierto pero contenido, íntimo y confortable.
El resultado es una intervención que resuelve una necesidad técnica y, al mismo tiempo, crea una nueva forma de habitar la casa: un espacio funcional, fluido y cotidiano, donde el agua deja de ser un problema y la terraza se convierte en un lugar que invita a ser vivido todos los días.
