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El proyecto parte de la necesidad de transformar las áreas exteriores de una oficina en espacios realmente habitables: lugares donde los colaboradores pudieran salir a comer, descansar, conversar o simplemente desconectarse por unos minutos de la jornada laboral, rodeados de vegetación y una atmósfera más amable.
Uno de los principales retos fue desarrollar una propuesta de bajo mantenimiento, evitando el uso de pasto sin renunciar a la presencia de áreas verdes ni a la permeabilidad del suelo. Para resolverlo, diseñamos una composición de pavimentos que combina enladrillado de barro, gravilla blanca y el piso existente de piedra braza, reutilizando materiales e integrándolos dentro de una nueva lectura del espacio. El contraste entre sus diferentes tonalidades y texturas aporta carácter, profundidad y una estética cálida y natural.
La vegetación se convirtió en el elemento encargado de suavizar el entorno construido y generar una sensación de refugio, mientras que el mobiliario de madera permite utilizar las terrazas para comer, reunirse o descansar al aire libre.
El resultado es un espacio exterior funcional, permeable y de mantenimiento controlado, que transforma áreas anteriormente poco aprovechadas en pequeños lugares de encuentro y bienestar. Un jardín pensado para ser vivido, donde el paisaje, los materiales y el mobiliario conviven para aportar sofisticación al proyecto y mejorar la experiencia cotidiana dentro de la oficina.
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