
La premisa de este proyecto fue transformar una recámara utilizada como bodega en un espacio de trabajo capaz de adaptarse a distintas formas de habitar. El reto consistía en integrar un home office para cuatro estaciones de trabajo, áreas de almacenamiento y la posibilidad de incorporar un sofá cama, permitiendo que el estudio pudiera convertirse también en una cómoda habitación para huéspedes.
El diseño se resolvió mediante mobiliario hecho a medida que aprovecha los perímetros del espacio y mantiene las circulaciones libres, creando una atmósfera ordenada, funcional y visualmente ligera. Una paleta de tonos neutros se combina con maderas cálidas y acabados más sobrios para aportar carácter y una estética contemporánea de personalidad masculina.
Como remate visual, el muro verde introduce profundidad y un contraste natural dentro del conjunto, generando una atmósfera asociada con la concentración, la creatividad y el equilibrio.
El resultado es un espacio flexible y sofisticado que puede transformarse a lo largo del día: un estudio pensado para trabajar, crear, concentrarse y, cuando es necesario, convertirse en un espacio confortable para descansar.