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El proyecto nació a partir de una necesidad muy concreta: resolver los problemas de filtración ocasionados por unas jardineras existentes que, además, requerían un mantenimiento constante que los propietarios ya no deseaban conservar.
Después de realizar el levantamiento y análisis del espacio, se planteó eliminar las jardineras y recuperar toda la superficie para crear una terraza corrida. La primera intervención permitió liberar el área y solucionar las condiciones existentes; posteriormente, el proyecto se enfocó en transformar esa nueva superficie en un espacio exterior realmente disfrutable.
El diseño buscó mantener la presencia de la naturaleza sin volver a depender de jardineras fijas. Las plantas existentes se reutilizaron y reubicaron en macetas de barro, complementándolas con nueva vegetación para generar diferentes alturas, texturas y remates visuales. A esto se sumó una selección de mobiliario exterior pensada para crear zonas de estancia y relajación.
El resultado es una terraza más limpia, flexible y de fácil mantenimiento, donde un problema constructivo se convirtió en la oportunidad de crear un nuevo espacio habitable: un lugar íntimo, cálido y rodeado de vegetación, diseñado para descansar y disfrutar del exterior.
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